notas

La música del azar

por Manuel Huerga | febrero 2008

La fuerza de este documental se basa principalmente en la intensidad y convicción con la que Jorge Drexler se entrega a su papel de demiurgo con su personal estilo musical y vital. Su triple condición de médico, poeta y compositor le permite celebrar unas contagiosas ceremonias de belleza y emoción ante un público entregado desde el primer momento y que sale de los conciertos con una sonrisa de oreja a oreja, tocados sin duda por un evidente estado de gracia. Así son de mágicos sus conciertos y así es de mágico también el documental que le ha seguido durante una mini gira por localidades próximas a Barcelona. Viladecans, Hospitalet, El Prat de Llobregat, Gavà, Santa Coloma, Sabadell y Torelló han sido las poblaciones afortunadas de presenciar un formato profundamente íntimo, abierto de repertorio a todas sus canciones, a aquellas que el público desea escuchar, a las que Jorge hacía tiempo que no cantaba y por supuesto, a las novedades. En los conciertos se pueden escuchar sonidos sampleados en la calle aquella misma tarde, el de los aviones, los skaters de la plaza, las campanas de iglesia o los trinos de la Banda Municipal del Prat de Llobregat, a la que Jorge invitó al día siguiente para acompañarle en vivo durante la interpretación del tema "Dance" de Marlango. Y aunque siempre puede ocurrir de todo, lo que siempre ocurre es que el público acaba cantando sus canciones, no como fans histéricos sino como el mejor coro del mundo, abrazados en la comunión de la música y de los sentidos.

Pero su voz no se apaga a la salida de los teatros. En la calle, en el metro, en la carretera o en el hotel, su incontinencia creadora le arrastra hacia valientes –o inconscientes– aventuras de improvisación con todo aquél que se cruza por su camino. Este torrente de energía desbocada convierte al azar en el guionista principal de la película. Día y noche, dentro y fuera, la cámara sigue y persigue el viaje de este uruguayo afincado en Madrid por las calles de la Barcelona que no hace muchos años le acogía como músico callejero. Entre mate y mate, pero con un Óscar bajo el brazo, Jorge Drexler se nos muestra en el instante preciso en el que la creación se manifiesta en estado puro.

Huerga y Drexler

por Jorge Drexler | diciembre 2008

La verdad es que yo nunca había participado en una película. Es una experiencia maravillosamente agotadora. Una vez atenuado el pudor de ir por la calle seguido por una cámara, pude –casi– aprender a hacer de cuenta que no estaba siendo observado. Ese fue el primer mérito de Manuel Huerga y su equipo: la invisibilidad. ¡Hoy viendo la película no entiendo sino, como pudimos hacer y decir esas cosas enfrente de testigos!

Luego de esa primera etapa de rodaje, el observado paradojalmente se volvió observador y viceversa. Pude admirar en el montaje la capacidad de Manuel para identificar una historia, sintetizarla y comunicarla. Me di cuenta que se centraba, con mucha agudeza, en las relaciones humanas alrededor de un proceso creativo azaroso. Y así tuve la suerte de ver desde otro ángulo del mismo prisma, la cantidad de cosas que pasaron en esos días tan intensos e importantes para mí de noviembre del 2007.

En mi parcial y cuestionable opinión, lo más interesante de la película es precisamente eso: no la cuento yo.

PD: Mi amiga Iona de Macedo rescató este proyecto de sus cenizas y Quique Camín de Ovideo lo llevó a buen puerto. Ambos con un entusiasmo emocionante. Muchas gracias a ellos y a todo el formidable equipo.



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