sobre el documental

Son & Moon La figura del astronauta habita en el imaginario colectivo como el moderno explorador que viaja hacia lo desconocido utilizando las más modernas y sofisticadas tecnologías. Es el emisario de nuestra civilización, el abnegado pionero de una vida futura que difícilmente alcanzaremos a ver las actuales generaciones que habitamos en este momento el planeta Tierra. Admiramos su coraje y su servicio al conocimiento y la evolución de la Humanidad. Su trabajo está lleno de riesgos, de años de preparación física y científica. Miles de ingenieros diseñan y construyen durante años esos atronadores artilugios que le transporta al espacio exterior, a la Estación Espacial en la que debe pasar largas temporadas en silenciosa y remota soledad, ejecutando programas de investigación que aportan respuestas sobre nuestro pasado, presente y futuro. Embutido en su aparatoso traje espacial, el astronauta es un obrero especializado, el arquitecto de los más ambiciosos sueños de la raza humana.

Pero dentro de ese traje espacial hay un rostro, un nombre. En un mundo tan acostumbrado a mitificar, a fabricar estrellas, ídolos y personajes mediáticos, la identidad de los astronautas suele trascender poco. Todavía hoy, Amstrong, Aldrin y Collins son, como mucho, los pocos nombres que de una manera clara han alcanzado la cultura popular. Pero ha habido, y hay, legiones enteras de ellos que hacen ese titánico trabajo detrás de una gran discreción.

Son & Moon Este documental intenta hacer compartir con el espectador la experiencia humana de uno de los astronautas que a lo largo de casi nueve meses permanecerá en la Estación Espacial Internacional, el Capitán Michael E. López-Alegría. El propósito no es tanto explicar los objetivos científicos de la misión sino los aspectos más cotidianos del día a día en el espacio relatados en primera persona por el propio Michael. La convivencia con su otro compañero ruso Mijàil Tyurin, el aseo personal, la alimentación, la ocupación del ocio, el descanso, la comunicación con los familiares y muy especialmente las reflexiones y emociones más íntimas. En definitiva, la privilegiada experiencia de los sentidos a más de 400 kilómetros de la Tierra. Además de las cámaras instaladas en la propia Estación Espacial que graban sin interrupción todo cuanto trascurre en ella, el Capitán López-Alegría dispondrá de una cámara de vídeo para su uso personal y con la que podrá realizar grabaciones con un contenido más personal a lo largo de su estancia.

Son & Moon Con el fin de poder llevar a cabo un seguimiento y obtener una cierta progresión dramática, el Capitán López-Alegría establecerá contacto periódico con Manuel Huerga a fin de poder intercambiar impresiones, comentar el visionado de los materiales rodados, orientar nuevos temas o profundizar en alguno de ellos cuando se considere necesario.

En paralelo, el documental informará sobre la fecha y la órbita, así como eventualmente sobre algunas noticias destacables que tengan lugar en la Tierra con el fin de proporcionar referentes al espectador.

This is the true story of a father who spends long periods of time far away from home and who goes to great lengths to maintain contact with his son. But this father is not a traveller, nor an actor or an emigrant: he is an astronaut fulfilling a mission aboard the International Space Station.

Son & Moon If it is every child’s dream to become an astronaut, then the dream of every filmmaker could very well be to make a documentary about an astronaut, and if that astronaut had a story to tell, the dream would become reality. And so, with the idea of making a film showing the singularity of the life of Commander Michael López-Alegría during Expedition 14, then by luck, or perhaps at random, this has become a more human story, narrated in the first person by its protagonist about the difficulties a father faces in maintaining family ties with his seven year-old son over a period of seven months and at a distance of 400 kilometres from the Earth.

"Son & Moon" approaches the space world from an unusual point of view, combining spectacular images with others, no less exciting, which uncover the private conversations between father and son via a simple webcam. The extraordinary and the everyday become intertwined, not with the intention to demystify the figure of space heroes but to bring them closer to us terrestrial beings by having them share the same difficulties, particular to the digital era, where interpersonal relationships seem to have passed through a liquid state of weightlessness.

When we are celebrating 40 years since man walked on the moon, this film raises an original idea which struggles between compromise and the survival of the species.



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