críticas

Nuria Vidal en Fotogramas | 13-05-2010

Son & Moon Una de las películas favoritas de Manuel Huerga es "2001 una odisea del espacio" de Stanley Kubrick. Por lo tanto, a nadie le puede extrañar que cuando el productor Loris Omedes tuvo la idea de hacer un documental con el astronauta Michael López-Alegría, pensara en Huerga como realizador. "Son & Moon" habla del sueño de salir al espacio y lo hace en primera persona desde el punto de vista del astronauta al que vemos en la fase de entrenamiento previa al viaje y al que seguimos durante los siete meses que pasa orbitando alrededor de la Tierra. El propio López-Alegría maneja la cámara y dirige la acción desde la Estación Espacial: le vemos en su trabajo, con sus compañeros, en su descanso y sobre todo, le vemos hablando con su hijo. Dos líneas van construyendo el film. Una es la difícil relación entre un padre que está a miles de kilómetros en el cielo y su hijo de pocos años; la otra es la sombra protectora de 2001 comparando situaciones y personajes entre una ficción avanzada a su tiempo y un presente que es ya el futuro.

José Arce en Labutaca.net | 13-05-2010

Son & Moon A cuatrocientos kilómetros de la Tierra, desde la Estación Espacial Internacional, un hombre charla con su hijo. Trata de compaginar su compromiso familiar y la consecución de su sueño, conquistar el espacio. El multidisciplinar Manuel Huerga dirige el documental "Son & Moon (Diario de un astronauta)", centrado en la figura del cosmonauta nacido en nuestro país Michael-López Alegría, que pasó casi siete meses en la EEI entre septiembre de 2006 y abril de 2007. El resultado es un reflejo tan cotidiano que llega incluso a desmitificar la aspiración de tantísimos chavales de viajar más allá de las estrellas enfundados en un espectacular traje sideral.

Dos son los mensajes clave que se deducen de la narración en primera persona de López-Alegría. Por un lado, secundario en tratamiento pero no en peso universal, la concienciación global de que la carrera espacial es compromiso y logro de toda la humanidad, al margen de nacionalidades o rivalidades políticas o económicas; por otro, y es la gran motivación de la propuesta, recoger en un videodiario toda la preparación previa antes del viaje, la vida a bordo y las conversaciones con sus seres queridos. Sorprende, en este sentido, la normalidad con la que el eje de la historia encara la radical confrontación entre lo sacrificado de su trabajo y el obligado segundo plano ─físico, no emocional─ en el que forzosamente ha de dejar a su mujer y a su hijo, un pequeño Nicolás que probablemente no sea aún consciente de la relevancia de este documental del que él mismo es motor e impulso casi absoluto.

Son & Moon Así pues, debe encararse "Son & Moon" como un legado personal que el astronauta quiere compartir con todos, al margen de las emociones y esfuerzos que supone formar parte del selecto grupo de súperhumanos que alcanzan el espacio exterior. En nuestros días, y a consecuencia de esa maravillosa ilusión cinematográfica constante que es la ciencia ficción, resultan casi cercanas y habituales para el espectador las imágenes de las instalaciones en el desierto, las gigantescas piscinas en las que se imita la gravedad cero, e incluso la convivencia de los navegantes apiñados en las naves que surcan los límites del planeta azul. Pero lo que muestra Huerga, con un irregular tono oscilante entre lo hipnótico y lo analgésico, es el componente corpóreo y anímico que contempla nuestro mundo parapetado tras una brillante escafandra. Ni más, ni menos.

Jerónimo José Martín en Cope.es | 13-05-2010

Son & Moon "Son & Moon (Diario de un astronauta)" *** (7,5). Conocido sobre todo como realizador televisivo, el barcelonés Manuel Huerga cuenta con una filmografía interesante, que incluye dos thrillers irregulares, pero con buen look y mejor ritmo —"Antártida" y "Salvador (Puig Antich)"—, y un original documental sobre el cantante Jorge Drexler, titulado "Un instante preciso". Ahora, afronta de nuevo el documental de creación en "Son & Moon, diario de un astronauta", intensa semblanza del estadounidense de origen español Michael López-Alegría. Se trata de un filme narrado y en gran medida grabado por él mismo, a 400 kilómetros de la Tierra, desde la Estación Espacial Internacional, que comandó en 2007 durante los siete meses que duró la Misión 14 de esa iniciativa espacial internacional. Lo primero que sorprende es el tono poético e íntimo de la película, que hilvana el día a día de los preparativos y la realización de la misión espacial —más bien prosaico, pero con momentos vibrantes y también divertidos— a través de las conversaciones de López-Alegría con su esposa Daría y su hijo Nicolás, de siete años, al que intenta querer y educar en la distancia. En esas reflexiones en alto, el astronauta subraya —a veces, en exceso— la cooperación internacional en materia espacial frente a la competencia de hace años, así como la importancia de luchar por cumplir tu sueño, aunque eso suponga grandes sacrificios, como estar separado mucho tiempo de tu familia. La película habría mejorado si Huerga, en su condición de director-montador, hubiera acortado algunas escenas reiterativas o poco sustanciales. Pero, en general, su película se ve con agrado, admiración y emoción gracias a sus fascinantes imágenes galácticas, a la calidad humana de su protagonista, su familia y sus compañeros, y a la sensacional banda sonora de Micka Luna, que sumerge al espectador en la alucinante ingravidez externa y en la conmovedora gravedad interior de Michael López-Alegría.

Víctor Esquirol Molinas en Elseptimoarte.net | 13-05-2010

Una odisea familiar

Son & Moon Michael López-Alegría es la encarnación del sueño de incontables chavales. Es astronauta y puede decir con mucho orgullo que es una de las personas que más tiempo ha estado en la Estación Espacial Internacional. Allí vivirá cada día experiencias que hasta entonces sólo se había atrevido a soñar. Pero no todo es de color de rosa allí arriba. A la dura disciplina impuesta en su peculiar lugar de trabajo habrá que añadirle el inmenso reto que supone no perder el contacto con su familia, de la que está ahora separado por miles de kilómetros de distancia.

El primer punto peliagudo que encontramos a la hora de analizar "Son and Moon (Diario de un astronauta)" es atribuirle su autoría. La ficha artística indica que el director del proyecto es Manuel Huerga, lo cual supondría una interesante vuelta de tuerca en su carrera. Recordemos que el último filme del cineasta barcelonés fue "Salvador", un muy ambicioso biopic que relataba la apasionante vida del tristemente conocido como la última víctima del «garrote vil» en el estado español. A lo largo de más de dos horas realmente intensas, aparte de intentar llegar al corazón del respetable, se trataba también de ofrecer un acercamiento humano a la ahora mitificada figura de Puig Antich. Algo similar se persigue ahora con el cosmonauta nacido en Madrid.

Está claro que sólo con prestar un poco de atención a la vida de Michael (o Miguel, como se prefiera) López-Alegría inmediatamente salen a relucir unas dicotomías muy similares a las que hacían especial la cinta dedicada a uno de los más célebres mártires del franquismo. En efecto, el mero hecho de ser astronauta ya sitúa a nuestro protagonista en una esfera muy privilegiada, lo cual le ensalza casi a la categoría de héroe. A pesar de ello, y con los pies de nuevo en la Tierra, es obvio que al fin y al cabo no es más que una persona corriente, con los problemas que podría tener cualquier hijo de vecino. Algo lógico pero que tendemos a olvidar cuando hablamos de nuestros ídolos.

Son & Moon En esta humilde lección de humildad y humanidad se esconde el mayor atractivo de "Son and Moon". Y es que por mucho que intentemos racionalizar, no deja de chocar el ver cómo alguien que está en la cúspide; realizando un trabajo que podrá repercutir en toda la población mundial, sufra por no poder estar in situ junto a su hijo cuando se le ha caído un diente... o cuando toca regañarle. Es aquí donde cobra sentido el título del documental, al hablarnos éste también del chiquillo que para encontrar a su padre no tiene más remedio que alargar el cuello para mirar al firmamento... o a la pantalla que conecta con la ISS. Moraleja, las nuevas tecnologías habrán progresado una barbaridad en el campo de las telecomunicaciones, pero todavía no hay chip o antena que haya conseguido dejar latente la calidez y el cúmulo de sentimientos que se dan cuando un padre y un hijo interactúan cara a cara.

Este estimable discurso se ve desgraciadamente ensombrecido por la otra parte del título del documental: «diario de un astronauta». Comentábamos antes las dificultades que se encuentran a la hora de determinar la paternidad del proyecto. La razón es que el encargado de filmar la amplísima mayoría del material audiovisual fue el propio protagonista de la cinta, «limitándose» Huerga dejar su sello casi exclusivamente en labores de montaje (nótense las comillas, pues es sabido que por la cantidad horas grabadas... y por el más que correcto acabado, salta a la vista que no fueron pocos los esfuerzos dedicados al proyecto). Esto explicaría por qué se dedica tanto tiempo a explicarnos sin escatimar detalles la vida a bordo de la Estación Espacial.

Cierto es que la ausencia de gravedad y los problemas de convivencia en un lugar tan remoto tienen su gracia... pero es inevitable pensar que quizás López-Alegría se está desviando de la razón por la que "Son and Moon" había atraído nuestra atención. Más que meternos de lleno en el día a día de un astronauta (que con una audiencia cada vez menos impresionable, sin duda ha perdido parte del encanto del que hacían gala los pioneros de la profesión), queríamos ver esos pequeños grandes momentos impagables, como los frustrantes diálogos con Nicolas o las conversaciones con la rama española de la familia. De modo que al final tenemos un documento demasiado irregular, que a pesar de contar con un punto de partida conceptual apreciable, acaba tirando demasiado de un poco impactante repertorio de anécdotas que quedan a años luz del retrato más cercano -y por ello emotivo- del héroe ausente.

Guillaume Fourmont en Público | 14-05-2010

Manuel Huerga firma mucho más que un documental sobre una expedición espacial -las imágenes son, claro, increíbles-: bucea en la soledad de un astronauta, rodeado por las máquinas, y se encuentra con el amor de un padre por su hijo. A los que pensaran ver una versión espacial de "Amélie", se equivocan. Es puro Kubrick.

Javier Ocaña en El País | 14-05-2010

Un padre en las nubes

Son & Moon No hace falta irse al espacio para que, en determinados momentos, un padre de hoy en día note la lejanía que puede sentir un hijo pequeño ante sus más o menos reiteradas ausencias por motivos laborales. Pero Michael López-Alegría, astronauta, se ha ido literalmente al espacio. A la Estación Espacial Internacional, durante seis meses, y sin más posibilidad de contacto con su chaval de siete años que unas rutinarias conversaciones de sonido intermitente e imagen de ínfima calidad. Manuel Huerga, director de "Antártida" y "Salvador", ha filmado en "Son & Moon, diario de un astronauta" los prolegómenos y los entresijos de la relación padre-hijo durante su ausencia en las nubes a través de una mezcla entre la poética de la imagen, el documental científico y el documento humano, que destaca precisamente en esta última vertiente.

Nacido en España, aunque criado y formado en EE UU, López-Alegría explica en off a su hijo, como parte de una especie de homenaje, sus sueños como astronauta. En el bando contrario, la timidez del niño está a punto de arruinar, cinematográficamente hablando, las esperanzas de la película. Sin embargo, al final, su poca participación, sus caprichos de crío, se revelan como su mejor baza: la imposibilidad del padre para sacarle algo interesante en el plano afectivo es el vivo ejemplo de la incapacidad del ser humano. El hombre ha sido capaz de construir una estación estable en el espacio, pero aún no sabe empíricamente cómo explicar a los niños con buenos resultados que no se debe mentir.

Carmen L. Lobo en La Razón | 14-05-2010

Son & Moon Hay algo frío y poético en las imágenes de la Tierra desde fuera, desde muy lejos, a miles de kilómetros y más allá. Lo sabía el maestro Stanley Kubrick, lo sabe Manuel Huerga, quien en "Son & Moon", que codirige junto a López-Alegría, describe la rutina en el espacio de este veterano astronauta de origen español junto con otros compañeros de fatigas siderales y los esfuerzos que realiza para no perder el contacto con su hijo de siete años. Aunque pase demasiados meses fuera de casa y le felicite las Navidades en una videoconferencia y cabeza abajo por aquello de la gravedad. Pero el comandante no miente: volar es la gran pasión de López-Alegría, es su vida, y lo repite varias veces durante un filme que pierde, no obstante, ese halo lírico que envuelve a los hombres mientras planean fuera del cohete cuando refleja la existencia en el interior; monótona, rutinaria; cómo todo, al cabo, se transforma en una rutina, hasta dentro de una cápsula mucho menos sofisticada, por cierto, que la de "Alien". La realidad, casi siempre, brilla menos y posee menos botones y oropeles que la ficción. Aun con la hermosura de las masas celestes de trasfondo, pues, queda un hombre haciendo ejercicios en una cinta mientras ve "El padrino II". Habrá que volver a casa.

J. Batlle en La Vanguardia | 14-05-2010

Papá está en órbita

El interesantísimo material rodado durante los seis meses en que el astronauta Michael E. López-Alegría permaneció en una estación espacial lo ordena Huerga, admirablemente, para ofrecernos, a la vez que un valioso documental sobre la (tan dura como apasionante) vida diaria en el espacio, una reflexión sobre la consumación de los sueños y el precio que hay que pagar por ellos: no ver crecer a su hijo de seis años, con quien mantiene unas conversaciones vía webcam altamente emotivas.

Quim Casas en El Periódico | 14-05-2010

Odisea íntima y espacial

Son & Moon Con "Son & Moon", Manuel Huerga parece hacer una paréntesis en relación a su última propuesta en los dominios de la ficción ("Antártida" y "Salvador") para volver a aquello que le caracterizó en sus inicios como cineasta, el gusto por la experimentación con la imagen propia y ajena y la reinvención de la no ficción, en la línea de su falso documental sobre Antoni Gaudí o su excelente retrato del pianista Glenn Gould, por no hablar de su experiencia televisiva en los revolucionarios programas "Arsenal" y "Arsenal-Atlas".

Las imágenes pertenecen ahora a una fascinación reconvertida en una especie de diario íntimo. La fascinación es la del espacio, la de la exploración de lo desconocido mediante la tecnología más sofisticada de nuestro tiempo. La figura, un astronauta, Michael López-Alegría, el primer español (aunque tiene nacionalidad estadounidense), en viajar al espacio.

Son & Moon Pero "Son & Moon", brillante título que enlaza con sencillez los dos polos del relato, el hijo y la Luna, no es un documental sobre un astronauta que cumple su misión en la Estación Espacial Internacional, si no un filme sobre la relación en la obligada distancia que el astronauta debe establecer con su hijo.

Alejado de la Tierra durante seis meses, el astronauta intenta hacer sólidos los vínculos naturales, esenciales, con su hijo a través de las conversaciones que mantiene con una webcam. "Son & Moon" no es así una película sobre el espacio y los que lo exploran, aunque tiene imágenes espaciales de indudable calado hipnótico, si no el retrato del quehacer cotidiano durante una misión espacial y la historia de una relación afectiva condicionada por la distancia y la soledad de genera ese mismo espacio.

Federico Marín Bellón en ABC | 14-05-2010

La cara oculta del héroe

Son & Moon Empieza la película con uno de nuestros astronautas favoritos charlando con su hijo, cada uno en su órbita y a muchísimos kilómetros de distancia, no sólo física. Con esta invasión en el interior del traje de amianto (o de lo que se lleve ahora) empieza Manuel Huerga a desvelar sus bazas, que no sólo pasan por mostrar el esfuerzo físico y mental que requiere el oficio. Nunca vemos al héroe derrumbado, pero sí alguna lágrima que choca con el apellido del protagonista. Sobre todo, se vislumbran los sacrificios que supone cumplir el sueño inalcanzable de millones de niños, salvo que de mayores tengan los recursos económicos de la simpática turista espacial. Es dramática la separación con la familia, las largas estancias en un limbo con mail y hasta con fabada o almejas a la marinera enviados desde el pueblo, como en la cárcel, pero con más ausencias. Incluso a Neil Armstrong le entrarían dudas.

Si el afán de la cinta no es desmitificador, la segunda andanada resultará definitiva. Lo que vemos no tiene nada que ver con "Armageddon", "Elegidos para la gloria" o "Toy Story". La superficie de la nave no brilla ni su «mobiliario» es minimalista. No es que esté todo manga por hombro, pero el diseño interior deja mucho que desear; no se duda de su funcionalidad. Es muy divertido hacer el Superman en las conexiones por videoconferencia con la Tierra, pero esto no es lo que nos ha vendido Hollywood. En la rampa de lanzamiento hacia la estación espacial internacional no aparece Liv Tyler sonriendo, sino oscuros funcionarios soviéticos junto a una estructura que parece construida con un mecano. Una vez en órbita, lo peor no es la ingente cantidad de tareas que cumplir, sino, paradójicamente, la rutina, que apenas mitigan las charlas a la hora de cenar y la posibilidad de ver "El padrino" en el portátil. Entre las labores más emocionantes o arriesgadas: conseguir que las muestras de orina entren en la bolsa.

Todo eso es retratado por la cámara indiscreta de este Gran Hermano espacial, que desluce un poco por la lógica calidad de las imágenes, alguna de ellas repetitiva, y por el formato más televisivo que cinematográfico. Lo otro, la invasión de la propiedad del alma, es algo entre Huerga y López-Alegría. La mayor pega para el espectador es que la realidad siempre es más sucia, desde el punto de vista estético, que lo que puede conseguir, pongamos por caso, "El show de Truman". Por fortuna, el valor informativo y documental de las imágenes y el acceso a la cocina de la accidentada carrera espacial, ahora colaboración internacional, justifican con creces el interés de la cinta.

en Notodo.com | 14-05-2010

Son & Moon Muchas son las familias obligadas a vivir largas temporadas de distancia por cuestiones profesionales, laborales o cualquier tipo de obligaciones. Lo normal es que se te venga a la cabeza un hombre de negocios, un deportista de élite, un embajador, etc. Lo que es más difícil de asimilar es que hay personas que tienen que permanecer a algunos cientos de miles de kilómetros de distancia y que, para verlos y no marearte, tienes que entender que en donde están no hay ningún negocio que hacer ni ningún partido que jugar, básicamente, porque no hay gravedad. Hasta ahora nadie había contado desde una perspectiva tan personal e íntima la vida de un astronauta, la lejanía de sus seres queridos y su vida en medio del espacio con tanta franqueza como lo hace Manuel Huerga en "Son & Moon. Diario de un astronauta".

Que Huerga es uno de los directores más versátiles del cine y la producción audiovisual no cabe duda: una persona que se atreve a dirigir películas de ficción realista ("Antártida", "Salvador"), documentales ("Gaudí"), series de televisión rompedoras y hasta, incluso, dirigir las ceremonias de apertura y cierre de las Olimpíadas de Barcelona ’92 es de todo menos previsible. De ahí que todo riesgo sea poco para el director barcelonés. En "Son & Moon" más que caer en el mero documental sobre la conquista espacial y la experiencia, en este caso con más chicha para el público español, de un estadounidense de origen madrileño como protagonista absoluto (Michael López-Alegría), Huerga nos cuenta la historia de amor y distancia entre un padre y su hijo. Sí, nos cuenta el proceso de un astronauta, sus entrenamientos, nos muestra a sus compañeros y su trabajo en la Estación Espacial Internacional durante seis meses pero, sobre todas las cosas, nos muestra el lado humano de un astronauta, y no de la persona/máquina que viaja a miles de kilómetros para sumergirse en la mayor lejanía posible. Michael López-Alegría nos cuenta en primera persona los porqués de su decisión de ser astronauta, su sufrimiento y sacrificio por perderse gran parte de la educación de su hijo Nico, la añoranza por estar junto a sus seres queridos, la impotencia por depender de una webcam que, en ocasiones, ni siquiera funciona para comunicarse con su familia, y el precio que tiene que pagar por cumplir su sueño (que no es el de su hijo). Huerga permite a López-Alegría sacar a la luz un diario en primera persona hacia su hijo. Una especie del "Ética para Amador", de Fernando Savater (remitiendo aquel "Ética para Nicómaco", de Aristóteles), pero en versión futurista extrema. El comienzo de una nueva vida para el astronauta, llena de trabas e impedimentos y el intento por tratar de llevar dos vidas muy difíciles de conciliar: la del astronauta viajero y la del padre protector que pretende que el distanciamiento, evidente de su hijo para con él debido a su ausencia, no lo sea tanto. Un ejercicio íntimo y dramático del sacrificio de un hombre por superar adversidades y construir un mundo nuevo junto a su hijo en la distancia.

José López Pérez en Elblogdecineespanol.com | 15-05-2010

Son & Moon Este fin de semana se estrena el documental "Son & Moon (Diario de un astronauta)", producido por Mediapro con la colaboración de TV3 y distribuido por Alta Films. "Son & Moon" es un film excelente, un tributo a la mítica película de Stanley Kubrick "2001, Una odisea del espacio" (la película favorita de Manel Huerga y la mía).

Es un documental, pero parece una cinta de ficción. El director Manel Huerga (Barcelona, 20 de octubre de 1957) ya tiene en su currículum dos films grandes como "Gaudí" (un "Zelig" de Woody Allen con temática gaudiana, nada menos) y "Salvador", sobre la vida y muerte injusta de Salvador Puig Antich, uno de los mejores films españoles de los últimos años.

Destaca sobremanera la partitura, el score de Micka Luna (el autor del "You’’l never catch me" de "Ingrid"), se integra con las imágenes y es un elemento narrativo más, aportando brío y recalcando la narración, contiene pasajes minimalistas, de vanguardia, clásicos y rítmicos. Una banda sonora de gran calado.

Son & Moon "Son & Moon" nació en el festival de Cannes, en la presentación de "Salvador", la idea se le ocurrió al productor Loris Omedes, contar el diario de un astronauta en una misión espacial. Más tarde con la ayuda del propio Miguel Eladio "Michael" López-Alegría, que cedió imágenes personales, y el guionista Jordi Gasull, el film encontró su terreno, las conversaciones (videoconferencia y teléfono) desde la nave entre el astronauta y su hijo Nico, con reflexiones sobre la ausencia, el aprendizaje y la vida en general. Contrapunteado todo con la experiencia vital antes, y luego en la nave espacial, y conversaciones con su esposa, amigos y familiares, junto a la experiencia en la propia nave espacial. Hay momentos de comicidad, otros emotivos e incluso un homenaje a la película "El Padrino".

El presupuesto de "Diario de un astronauta" es de 600.000 €, se estrena con cinco copias, cuatro en Catalunya y una en Madrid, aunque en este caso se estrena una semana después, el próximo viernes 21 de mayo. Manel Huerga urde con maestría unas imágenes miméticas y a la vez didácticas. Un viaje apasionante.

Reporter en Filmaffinity.com | 13-05-2010

El primer punto peliagudo que encontramos a la hora de analizar "Son and Moon" ("Diario de un astronauta") es atribuirle su autoría. La ficha artística indica que el director del proyecto es Manuel Huerga, lo cual supondría una interesante vuelta de tuerca en su carrera. Recordemos que el último filme del cineasta barcelonés fue "Salvador", un muy ambicioso biopic que relataba la apasionante vida del tristemente conocido como la última víctima del garrote vil en el estado español. A lo largo de más de dos horas realmente intensas, aparte de intentar llegar al corazón del respetable, se trataba también de ofrecer un acercamiento humano a la ahora mitificada figura de Puig Antich. Algo similar se persigue ahora con el cosmonauta nacido en Madrid.

Está claro que sólo con prestar un poco de atención a la vida de Michael (o Miguel, como se prefiera) López-Alegría inmediatamente salen a relucir unas dicotomías muy similares a las que hacían especial la cinta dedicada a uno de los más célebres mártires del franquismo. En efecto, el mero hecho de ser astronauta ya sitúa a nuestro protagonista en una esfera muy privilegiada, lo cual le ensalza casi a la categoría de héroe. A pesar de ello, y con los pies de nuevo en la Tierra, es obvio que al fin y al cabo no es más que una persona corriente, con los problemas que podría tener cualquier hijo de vecino. Algo lógico pero que tendemos a olvidar cuando hablamos de nuestros ídolos.

En esta humilde lección de humildad y humanidad se esconde el mayor atractivo de "Son and Moon". Y es que por mucho que intentemos racionalizar, no deja de chocar el ver cómo alguien que está en la cúspide; realizando un trabajo que podrá repercutir en toda la población mundial, sufra por no poder estar in situ junto a su hijo cuando se le ha caído un diente... o cuando toca regañarle. Es aquí donde cobra sentido el título del documental, al hablarnos éste también del chiquillo que para encontrar a su padre no tiene más remedio que alargar el cuello para mirar al firmamento... o a la pantalla que conecta con la ISS. Moraleja, las nuevas tecnologías habrán progresado una barbaridad en el campo de las telecomunicaciones, pero todavía no hay chip o antena que haya conseguido dejar latente la calidez y el cúmulo de sentimientos que se dan cuando un padre y un hijo interactúan cara a cara.

Este estimable discurso se ve desgraciadamente ensombrecido por la otra parte del título del documental: "diario de un astronauta". Comentábamos antes las dificultades que se encuentran a la hora de determinar la paternidad del proyecto. La razón es que el encargado de filmar la amplísima mayoría del material audiovisual fue el propio protagonista de la cinta, "limitándose" Huerga dejar su sello casi exclusivamente en labores de montaje (nótense las comillas, pues es sabido que por la cantidad horas grabadas... y por el más que correcto acabado, salta a la vista que no fueron pocos los esfuerzos dedicados al proyecto). Esto explicaría por qué se dedica tanto tiempo a explicarnos sin escatimar detalles la vida a bordo de la Estación Espacial.

Cierto es que la ausencia de gravedad y los problemas de convivencia en un lugar tan remoto tienen su gracia... pero es inevitable pensar que quizás López-Alegría se está desviando de la razón por la que "Son and Moon" había atraído nuestra atención. Más que meternos de lleno en el día a día de un astronauta (que con una audiencia cada vez menos impresionable, sin duda ha perdido parte del encanto del que hacían gala los pioneros de la profesión), queríamos ver esos pequeños grandes momentos impagables, como los frustrantes diálogos con Nicolas o las conversaciones con la rama española de la familia. De modo que al final tenemos un documento demasiado irregular, que a pesar de contar con un punto de partida conceptual apreciable, acaba tirando demasiado de un poco impactante repertorio de anécdotas que quedan a años luz del retrato más cercano -y por ello emotivo- del héroe ausente.



© 2005-2015, Manuel Huerga | by Permanent | gráfica Bloomdesign.biz | este website usa SPIP