Salvador Puig Antich
premios ManuelHuerga.com


esquina
esquina
» Volver a "CRÍTICAS"

Cuatro gatos

por Antonio Cruz González en 'Kaosenlared.net' - 28 de septiembre de 2006


A propósito de las películas ’El viento que agita la cebada’ y ’Salvador’

A propósito de las películas que han coincidido en el estreno, ’El viento que agita la cebada’ y ’Salvador’, me sumerjo en el debate, que van a producir, que están produciendo. En ’Salvador’, el abogado de Puig Antich comenta que hay que levantar a todas las personas e instituciones para protestar por la condena a muerte a Salvador. Le contesta su interlocutor: ’¿No ves cuántos se manifiestan y protestan?, ¡cuatro gatos!’. Esto me da el pie a este artículo, que tendrá varias partes.

Por comenzar por una de ellas, diré que siempre me he sentido uno de los cuatro gatos. No he entendido que verdades como puños que la izquierda debía apoyar, desde el NO a la Constitución Europea, neoliberal y globalizadora, hasta la defensa de los Servicios Públicos. Desde la entrada en guerra en Irak o el Líbano, sin los más mínimos derechos humanos, hasta la petición de nulidad de los sumarios franquistas, no se vean masivamente apoyados desde todos los Foros, todos los sindicatos, todos los partidos demócratas mínimamente decentes, desde Asociaciones y personas, desde Internet y desde los mass media. ¡Al final cuatro gatos, para protestar contra los paraísos fiscales, o la globalización! No quiere esto decir que no se consiga en alguna ocasión puntual, movilizar una enorme masa política y social, contra alguna gran injusticia. Pero, en muchas ocasiones, si no está promocionado "desde arriba", pasará lo de Puig Antich, que cómo era un antifranquista minoritario y creyendo en unos apartados de lucha armada, que muchos no compartimos, tal como se plantea en el film, se le deja tirado. Porque la pena de muerte hubiera llegado igual, pero el testimonio y la rabia y la lucha de toda la izquierda hubiera sido magnífica. Esto creo que es lo mejor del documento, su crítica, la falta de movilización ante un hecho puntual, contra un asesino con galones de general. Y todavía se duda. Y se piensa, "como no era de mi cuerda"… (por Salvador, no por el general).

Esta denuncia de ’Salvador’, es correcta. Lo mismo que es correcto, como todos lo hicimos (esta vez no fueron cuatro gatos), que ante el asesinato por la policía franquista de Enrique Ruano, provocamos con nuestras pobres acciones, pobres pero cargadas de libertad, un Estado de Excepción, el del año 1.969. Las conclusiones a qué llegó Salvador y su grupo, el MIL, es decir la de un grupo político de acción directa contra los estamentos de la dictadura, es lo que se pone en duda como camino revolucionario correcto, cuando las condiciones estaban dadas, pero el empuje de las vanguardias iban por otro camino.

Pero, y esto es lo que debe quedar claro, el debate no es sobre si este grupo lo hiciera o no lo hiciera, lo debiera o no lo debiera. El debate que ya ha comenzado, va hasta situaciones tan infantiles de dejar de ver la película y participar en sus críticas. Es bueno el documento fílmico, que no es en ocasiones tal documento, pero cae en su segunda mitad en algo sentimental: relaciones del reo con el funcionario, relaciones, muy largas fílmicamente, de Salvador con sus tres hermanas, en una despedida que no termina nunca, y buscando más el recurso a la lágrima y a la pena, que a la conciencia política. La relación de última hora con "el único cura que conozco que merece la pena", buscado fervorosamente por los asesinos, que buscaban con afán el arrepentimiento de los pecados del anarquista. En fin, toda esa segunda parte, muy al cine "testimonio americano del condenado a muerte", tantas veces visto, le sobra.

Ya decía Billy Wilder (por favor pronunciar de una vez "vilder", que era austriaco y no yanqui, lo de "uilder" es una apropiación americana), que no se debían mezclar géneros en el cine. Este gran error se hace en ’Salvador’. Se pasa de la crónica política al melodrama. Y se termina con esos títulos de crédito impresentables, en donde aparece Bin Laden, los vagones destrozados del Metro de Madrid, las torres gemelas de Nueva York, con la voz de Lluis Llach, cantando sobre el miedo. Aquí si que no se puede atribuir al libro, sobre el que se basa el film. Esto es ’puritita’ obra de Huerga, el director. ¡Pues se ha lucido!

No hay cosa peor que una obra destrozada. El autor nos podría dar bazofia, pero creo que no hay derecho a jugar con la inteligencia de las personas. No se puede mezclar, tergiversar, en las acciones, porque lo que queda de la peli, en el imaginario, es "que hay que ver qué malo era el régimen de Franco, que un chico tan bueno, que se defendió de la policía, murió en una venganza a garrote vil". Pues sinceramente nos rebelamos contra esa versión simplista. Y seguimos debatiendo…

En la película de Ken Loach, se nota todo el conocimiento y sabiduría que tiene este autor. Conocimiento político e histórico. Sabiduría al exponerlo. Así como en ’Tierra y Libertad’, magnífica por otra parte, eché de menos que algunas escenas eran enormemente largas, que se podían ilustrar con menos minutos, en ’El viento…’, siendo una película de dos horas de metraje, se pasó en un momento. Tal es la intensidad dramática. Desde el punto de vista histórico, queda perfectamente reflejada que la lucha por la liberación de Irlanda, no era una lucha solamente anticolonial, era una lucha revolucionaria (ya estamos en lo de siempre ¿Guerra o Revolución?). Como no se mantuvo la segunda, se pactó con los amos, los ingleses, que yéndose, en realidad se quedaron. Se quedaron con su capital y sus estructuras. Se maquilló cambiando los colores de los uniformes y la vestimenta de los sacerdotes. Militares irlandeses con armas inglesas y curas católicos por anglicanos. ¡Y aquí paz y después Gloria!. Ante esto, el pueblo que había luchado por la Libertad, una vez más es despreciado y abandonado por los "pactistas"… y perseguido, a los que no aceptaron tal pacto burgués.

Se ve claramente, para quién esté preparado, de dónde parte la violencia, no del IRA y el Sinn Fein que dispara, sino de las estructuras que imponen su criterio en un auténtico terrorismo de Estado. Y Ken Loach lo pinta muy bien. No es nada maniqueo representando las dos facciones, como la lucha entre dos hermanos, uno en cada parte. Y no lo es porque esta es la lucha de la humanidad, desde la representación bíblica de Caín y Abel. Claro que aquí no hay uno bueno y otro malo, que sería maniqueo. Simplemente hay dos clases sociales y cada uno se apunta a sus intereses.

De la película de Loach salí impactado. De la de ’Salvador’ cabreado. Desperdiciar los medios, los pocos medios que tenemos de difundir la doctrina del pueblo, y permítanme hacer un pelín de demagogia, es darle argumentos al enemigo.

Quiero y deseo, sin masoquismo, que se sigan haciendo este tipo de películas y de documentos, y cómo es nuestro deber, verlas y debatirlas y progresar con los medios que el cine nos da, a pesar de que no siempre sean coincidentes con los sentires y pensares de los grupos y personas en conflicto, pero creo que todo es válido, siempre que tenga unos mínimos de dignidad para conseguir una síntesis que nos haga avanzar en nuestras luchas.



» Volver a "CRÍTICAS"
esquina
esquina