texto de J.C. Olivares

Gaudí, el calidoscopio de un personaje inaprensible

por Juan Carlos Olivares | 2004

Manuel Huerga se enfrenta por segunda vez al reto de llenar de imágenes la personalidad inaprensible de Antoni Gaudí. Han pasado casi veinte años desde que entre 1987 y 1989 filmara el premiado documental de ficción sobre el arquitecto modernista. Un homenaje al nacimiento del cine. Parte de esa fascinación –por el misterio del personaje y la pantalla– domina también su puesta en escena para la ópera "Gaudí" de Guinjoan-Carandell. Un montaje que intenta reflejar el mundo interior del protagonista, su aislamiento, la soledad de su energía creadora, sus miedos ante un mundo que se desmoronaba y el refugio hallado en la infinita persecución de todo aquello que permitiera plasmar «la originalidad en el retorno a los orígenes».

Igual que existen escritores sin libro, existen hombres sin biografía. Manuel Huerga descubrió hace casi veinte años que Antoni Gaudí era un hombre invisible. Dispuesto a rodar un documental sobre el arquitecto, tuvo que sortear con imaginación la página en blanco de un personaje ágrafo y huidizo ante la cámara. Se sabe que en alguna ocasión no pudo evitar ser cazado por la lente, pero lo que pudo haber existido de documentados registros visuales de Gaudí desapareció durante la guerra civil, junto con el noventa por ciento de la memoria cinematográfica y documental del país.

«La solución fue entonces inventarse un falso documental como excusa para trabajar sobre la idea del cine mudo, sobre el cine de los pioneros. También se puede entender como una venganza para las futuras generaciones, que darán por buena una fuente documental que es pura ficción». Esa experiencia late viva en su puesta en escena para el "Gaudí" de Joan Guinjoan y Josep Maria Carandell. La invisibilidad del Gaudí-hombre ya no supone una sorpresa y se mantiene intacta la fascinación por la energía investigadora del Gaudí-arquitecto y la inocencia científica de una época que aún podía creer que la tecnología era otra manifestación de la magia.

Gaudí es un hombre sin historia privada, sin argumento, que sólo puede mostrarse a través de su obra y su obsesivo proceso creativo. «El "Gaudí" de Guinjoan-Carandell –explica Huerga– no es una biografía, tampoco un viaje turístico por sus edificios. Más que explicar el hombre o su arquitectura, la obra intenta sumergirse en su mente, adentrarse en una psicología compleja, en una personalidad mística, en las claves de un creador con una inagotable capacidad visionaria, el sabio que ha encontrado la conexión esencial entre el arte y la naturaleza. Pero en ningún momento pretendemos desentrañar el misterio de Gaudí. Es y será un personaje críptico, no caemos en la tentación de descodificar su obra».

A partir de un respeto absoluto a la partitura de Guinjoan y el libreto de Carandell –«existen directores de escena que se sirven de la obra y otros que se ponen a su servicio»–, el montaje propone una primera parte con una escenografía de estética clásica, casi costumbrista, con una reconstrucción idealizada de la arquitectura de hierro y vidrio de la época, un espacio que funciona como una urna de cristal en la que Gaudí intenta concentrarse en su trabajo, ajeno a las convulsiones del mundo. «Un espacio reconocible –explica el escenógrafo Lluís Danés–, con reminiscencias de la Barcelona de la Exposición Universal de 1888, una escenografía naturalista que evita utilizar la obra arquitectónica de Gaudí como escenario».

La urna se rompe, incapaz de resistir el empuje de la historia. De los fragmentos surge un trencadís –un momento de inflexión dramática resuelto musicalmente por Guinjoan con un ballet– con el que se recompondrá luego el universo íntimo del arquitecto. En el escenario se visualiza esa transformación en un espacio abstracto, en un recinto mental, con la apariencia de un gigantesco calidoscopio en el que se reflejan y multiplican los personajes, los objetos y las imágenes.

«El primer escenario muestra la vertiente exterior de Gaudí, el artista encastillado en su frenética cartera de proyectos, aparentemente ajeno al agitado entorno social y político de su época, un mundo que se hunde irremisiblemente, erosionado por una violencia que provocará una profunda grieta en su frágil refugio de cristal. Una herida que –literalmente– hará desaparecer su mundo privado». Y «en su taller –añade DanésGaudí crece como arquitecto dándole la espalda a una sociedad en violenta transformación, conforme con su papel de protegido de la burguesía».

«El segundo escenario –explica Huerga– es una interpretación libre de la vertiente interior de Gaudí, de su renacimiento, de la superación de un estado de angustia con la creación de un mundo privado a la medida de su genio, un espacio para su poder creador y para adentrarnos en la mente del artista, con sus conflictos y sus pesadillas».

Para Huerga era importante visualizar la complejidad del personaje, los claroscuros de su personalidad, el misterio de un inexistente perfil emocional. Un rasgo sorprendente en Gaudí es su falta de erotismo, de sensualidad. Es un personaje sin ningún atractivo primario. En cambio, su permanente búsqueda de nuevos ingenios para plasmar sus ideas, de nuevas formas para trasladar a la arquitectura su máxima de que «la originalidad está en el retorno a los orígenes» –un regreso al pasado artesanal de su historia familiar, a la naturaleza–, posee la fascinación del alquimista.

Un concepto básico en el equipo formado por Huerga y Danés: la puesta en escena es un gran laboratorio que intenta recrear la magia del descubrimiento ilimitado. Si el primer decorado es un homenaje implícito a la arquitectura de los relatos visionarios de Julio Verne, el segundo es una manera depurada y geométrica de recrear el opresivo espacio en el que Gaudí pasó los últimos años de su vida, un lugar atestado de fragmentos de yeso, animales disecados, maquetas y exvotos.

«Lo importante en esta puesta en escena es evocar una atmósfera y no reconstruir de una manera hiperrealista la estética de una época. Nuestra intención es generar imágenes fascinantes, situar al espectador en un entorno que tenga el mismo poder de sugestión que una linterna mágica en una feria de las maravillas a principios del siglo XX, con visitantes atónitos ante las ilusiones del cinematógrafo y los trucos de los hermanos Méliès o Segundo Chomón. Queremos que el público comparta la ilimitada curiosidad que podía sentir Gaudí, recuperar la ingenuidad de los pioneros, la inocencia de un momento en que el mundo aún no iba tan rápido, en el que todavía había tiempo y espacio para creer en la magia de lo nuevo, del invento, del descubrimiento».

Huerga ha intentado recuperar el aire intangible de la «ciudad de los prodigios», situar al personaje en el momento de la historia de Barcelona en el que mejor se explica su particularidad, donde mejor se podía entender su diferencia. «Gaudí era un personaje incómodo, una personalidad hasta cierto punto subversiva que –una más de sus muchas contradicciones– tuvo que pactar con el poder para hacer realidad su visión de la arquitectura. De alguna manera sería lo que ahora llamaríamos un freak, un tipo raro, inclasificable, heterodoxo en su obra y en sus relaciones con los demás. Un eremita entregado a encontrar la piedra filosofal que hiciera posible su infinita concepción de la arquitectura. La sociedad bienpensante sólo tenía dos opciones ante una figura tan poco ortodoxa: rechazarla –como intentó sin gran éxito– o apropiarse de ella y elevarla a los altares. Pero este nuevo mito de Gaudí es injusto y parcial con un personaje que, a pesar de sus relaciones y su vida, mostró un acusado sentido de la justicia social».

Elemento clave para completar esa atmósfera entre la ensoñación y la nostalgia es el trabajo audiovisual que acompaña a la puesta en escena. Los dos partes de la ópera cuentan con un elaborado relato cinematográfico. El primero juega con el perfil urbano de Barcelona, diferentes imágenes oníricas y la preparación y eclosión de la gran tormenta que terminará con el taller-refugio de Gaudí; el segundo aporta las formas abstractas que se multiplican en el calidoscopio para construir un gran mosaico gaudiniano, además de mostrar todo aquello que pasa por su cabeza, sus pesadillas y obsesiones, el proceso creativo del arquitecto, como la maqueta funicular que llevará a la arquitectura definitiva de la cripta Güell. Un material audiovisual que, en ocasiones, convertirá el escenario del Liceu en una caja de proyecciones con diferentes planos de imágenes superpuestas.

Un calidoscopio que, por otra parte, también se refleja en la estructura dramática del libreto de Carandell. En realidad, "Gaudí" es una obra de un solo personaje, un monólogo continuo. Todos los demás son una proyección del protagonista, arquetipos pasados por su filtro, la suma de perfiles e individualidades de los hombres y mujeres que alguna vez tuvieron relación con él. Son el compendio de cómo Gaudí veía a los mecenas, a los burgueses, a los trabajadores, a los discípulos y ayudantes. Así, Rosa, el único personaje femenino de la ópera –único y difícil de encajar, como todas las mujeres en la vida de Gaudí– no es un personaje real, una mujer concreta en su biografía. Rosa es la imagen que tenía Gaudí de las mujeres. Una visión claramente misógina. Cuando habla Rosa, habla el eco de Gaudí sobre lo femenino. De igual modo, Alexandre simboliza el poder, el dinero, la burguesía. Personajes, como los demás, al servicio del protagonista único, un espejo de sus pensamientos. Para reforzar esta calidad abstracta de los personajes, Huerga le pidió a Ramon Oller –también autor de la coreografía del ballet trencadís– que les adjudicara un movimiento en escena extraño, antinatural, como si fueran espectros irreales, etéreos. Una manera de aislar aún más la figura de Gaudí, de reforzar la soledad del creador incomprendido, del misántropo genial.

«Carandell –afirma Huerga– aseguraba que cada una de las palabras que había puesto en boca de Gaudí provenían de fondos documentales». Una afirmación que aporta un poco más de misterio a las sombras no aclaradas de su personalidad, a un artista que se escapa claramente de las limitaciones de las etiquetas y los archivos.



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