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Spam telefónico: ¡basta ya!

08-05-2008 | por Manuel Huerga | apuntes

Spam telefónico: ¡basta ya! Es la primera vez que utilizo mi página personal para hablar de temas que no tienen que ver con mi trabajo o con el trabajo de mis amigos y el de la gente que quiero y admiro. Si nos ponemos, realmente hay muchas cosas de las que se debería hablar –demasiadas– pero tengo que reconocer que a veces uno se siente más atraído por leer la opinión de los demás debido principalmente a la falta de tiempo, a mis limitadas dotes literarias o simplemente a la pereza.

Pero hoy se ha colmado el vaso de mi paciencia y de mi indignación tras tiempo inmemorial de soportar estoicamente esa despreciable práctica comercial de las llamadas a tu propia casa, casi siempre a horas estratégicas en que seguro que te pillan, saliendo de la ducha o comiendo, aunque evidentemente les da igual si por un casual estás echando un polvo o en ese momento en tu casa tiene lugar un drama familiar.

Digo que hoy se ha colmado el vaso porque he recibido una llamada a las 15:30, de ésas que empiezan con "Buenas tardes, mi nombre es Fulanita de Tal, llamo de Cruz Roja, ¿con quién tengo la amabilidad de hablar?". Aquí hay que distinguir entre las llamadas que preguntan por tu nombre, aunque lo lean mal y lo pronuncien peor, y las que sencillamente no tienen ni idea de a quién llaman y con las que desvelan fatalmente sus siniestras intenciones.

Pero el colmo de los colmos ha ocurrido cuando, tras excusarme diciendo que estaba comiendo y que ésas no eran horas de llamar, toda la impostada amabilidad de esa señorita, que, insisto, hablaba en nombre de la Cruz Roja, se ha esfumado de golpe y me ha colgado el teléfono no sin antes llamarme "cabrón de mierda".

Es lamentable la mala pata de esa mercenaria telefonista y más todavía que le haya tocado pagar el pato a Cruz Roja y no a Telefónica, Vodaphone, Tele 2 y un interminable nombre de empresas que ni recuerdo ni falta que me hace, que martillean diariamente, sin compasión, sin decencia y sin escrúpulos el sacrosanto templo de tu intimidad. Pero hasta hoy todavía no se habían pasado tanto. Y que conste que a mí la Cruz Roja me merece todos los respetos ya que hasta donde son soportables las contradicciones que todos arrastramos en nuestro "acomodado" primer mundo, tengo la conciencia razonablemente sensibilizada en cuanto a mi compromiso y solidaridad contra toda clase de tragedias e injusticias humanas y medioambientales.

Hay que decir que este tipo de llamadas, que ocultan siempre su número para protegerse como cobardes de posibles contraofensivas, se reciben a través de los aparatos fijos y no de los móviles. Ésos ya se encargan de machacarnos con otro tipo de basura, pero al menos suele llegar escrita. Las que ahora me ocupan echan mano de esos datos protegidos por la famosa "política de confidencialidad" y que a la hora de la verdad debe circular con total impunidad por todas las agencias de marketing del mundo y para quienes no somos más que ese trocito de pastel que se disputan entre ellas como buitres.

¿Qué clase de defensa tenemos contra esa práctica infame? Ni siquiera apelaré a su "inconstitucionalidad", supuesta arma legal tan sobada como inútil que apenas se aguanta ya como latiguillo retórico.

El problema es que, sin comerlo ni beberlo, uno se encuentra de golpe, pongamos por caso en lo mejor de la siesta, lidiando con una situación de lo más surrealista con alguien que se acaba de meter en tu casa sin pedir permiso (al menos el correo comercial no pasa del buzón de la portería), que te pide tu nombre (se cree que dándote el suyo, que me importa un rábano, ya tienes la obligación de ser amable), dedicarle un nada despreciable tiempo escuchando su soporífera oferta, que de tantas veces repetida suena a letanía indescifrable por la cantidad de datos que suelta a una velocidad de vértigo pero que no obstante exige toda tu concentración puesto que al final te va a preguntar si te interesa. Y no se te ocurra decir que "no" porque entonces el examen se vuelve más duro y exigente. De nada te sirve que le digas que la sopa ya se ha enfriado. La agresividad de la señorita aumenta a medida que presiente que tú tampoco vas a picar y que tus modales empiezan a desfallecer. Y es entonces cuando ella solita intercambia hábilmente los papeles y pasa a interpretar el papel de víctima, momento cumbre del surrealismo y que, en tal día como hoy, ha terminado insultándome.

Me pregunto hasta qué punto son rentables estas estrategias. Me pregunto de qué les sirve engordar una lista de ciudadanos cabreados que, como yo, por el sólo hecho de haber sido avasallados de esta manera ya les he puesto en mi particular lista negra de indeseables.

Actualización (16/08/2008). Parece ser que se tomarán medidas:

* Consumo denunciará las llamadas para vender productos
* La Agencia de Protección de Datos investiga el ’spam’ en los móviles

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Estreno: 23-12-2011

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