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Prólogo para el libro M de Música

02-06-2011 | por Manuel Huerga | apuntes

"M de música, del oído a la alquimia emocional" de Josep Mª Romero Fillat con prólogo de Manuel Huerga:

M de Música«Sin Bach, la teología carecería de objeto, la Creación sería ficticia, la nada perentoria. Si alguien le debe todo a Bach es sin duda Dios». Así de contundente se expresaba Cioran, uno de los pensadores más lúcidos del siglo XX, cuando se refería a la música y al poder que esta ejerce sobre los hombres, hasta el punto que sin ella tal vez ya habríamos desaparecido merced a una especie de locura debida a la insoportable existencia. «Caso límite de irrealidad y de absoluto, ficción infinitamente real, mentira más verdadera que el mundo» (E. M. Cioran, "Breviario de podredumbre"). La música como alimento indispensable del espíritu en unos tiempos en que la llevamos de paseo enchufada a nuestras orejas como gesto inequívoco de aislamiento, aunque también de coraza y protección ante una realidad a menudo hostil y agresiva, pero siempre inexplicable en su esencia última. Es evidente que le permitimos un acceso privilegiado en todos los momentos de nuestra cotidianidad, desde los más intrascendentes hasta los más exquisitos y sublimes. Cabe preguntarse a qué se debe un trato tan especial.

No es frecuente encontrarse con un manual que ofrezca algunas claves para diseccionar ese sonido domesticado por el hombre y con el que nos dejamos envolver tan a menudo a lo largo de nuestra vida para hacerla más llevable o directamente para sublimarla. Podemos saber mucho sobre sus compositores e intérpretes, pero muy poco sobre su verdadera esencia. Si bien es conocido su principio físico que hace que unos determinados impulsos provocados por los llamados instrumentos se convierten en ondas sonoras que llegan a través de los oídos a nuestro cerebro, apenas tenemos unas pocas nociones sobre lo que hace que estas vibraciones ejerzan un poder casi sobrenatural sobre nuestras emociones.

Este libro, tan ameno como sintético, nos ofrece no pocos ejemplos y respuestas al por qué de nuestras reacciones ante determinados sonidos, ritmos y melodías capaces de hacernos mover el cuerpo, sumergirnos en la melancolía, activar la euforia o evocarnos momentos del pasado como aquella magdalena de Proust.

Quienes trabajamos en el mundo del audiovisual, y muy especialmente en el caso de mi viejo amigo Josep Mª Romero, sabemos un poco sobre la utilización de la música en el laboratorio de las salas de montaje y mezclas de sonido para «manipular» con cierta eficacia las emociones de los espectadores. Hace tiempo que hemos superado aquello de que una imagen vale más que mil palabras porque la música vale más que todas las imágenes y las palabras juntas en tanto que únicamente su naturaleza intangible es capaz de llegar a lugares donde nada ni nadie puede llegar de manera consciente, quizás ni siquiera el propio músico. En el fondo, Josep Mª Romero y Richard Wagner pueden tener más en común de lo que parece. Ambos saben que una cierta métrica o combinación de notas activa determinados resortes del cerebro. Podemos intuir la relación entre matemáticas y química que tan bien conocía Bach. Quizás Dios le debe tanto a Bach porque es quien ha sabido decodificar el lenguaje divino, del mismo modo que John Williams adoptó las famosas cinco notas, basadas en el lenguaje de Kolty para sordomudos, para establecer una forma de comunicación con los extraterrestres en "Encuentros en la tercera fase".

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Estreno: 23-12-2011

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