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Pepo Sol

25-08-2010 | por Manuel Huerga | apuntes

Hace catorce años, por estas fechas, perdimos a Pepo Sol y quiero que su recuerdo siga vivo...

Director de Ovideo TV, la productora que se hizo cargo, junto a Bassat-Sport, de las ceremonias de los Juegos Olímpicos de 1992. Licenciado en Derecho, Sol fue director general de la agencia publicitaria "Tiempo". Como publicitario tuvo una trayectoria atípica, siempre en el límite de la ortodoxia.

Pepo Sol

Sol y Sombra

27 agosto 1996 | por Manuel Huerga en "El País" | descarga PDF

Hay personajes ilustres que se despiden de este mundo como tales, puesto que su labor hacia la sociedad ha sido visible, notoria y sobradamente publicitada. Pepo Sol, que acababa de cumplir cincuenta y tantos años el domingo pasado, se ha ido sin despedirse, tan discretamente como era en su estilo de maquinar en la sombra algunas de las hazañas más grandes ocurridas en Barcelona, gracias a las cuales sigue siendo una ciudad de prodigios, de imaginación y creatividad. Pepo amaba el arte y los artistas y por eso era también un artista en cazar y forjar talentos, en darles su primera oportunidad, en creer en ellos cuando todavía no les conocía nadie, en arriesgar generosamente su tiempo y su dinero con tenacidad. Hay quien llama a eso mecenazgo, aunque son pocos los que se lo han reconocido. Pero Pepo fue también él mismo un artista porque era siempre el primero en lanzar algunas de las ideas y proyectos más atrevidos y descabellados que han circulado por la Barcelona de los últimos 15 años –ganándose a pulso una injusta fama de excéntrico–, y que casi siempre resultaban ser las mejores ideas y los proyectos que se llevaban a cabo. Pepo era anarquista, es decir, un pesimista lúcido, lleno de romántico idealismo, un verdadero gurú de la modernidad, un provocador genuino, un agitador cultural que disparaba continuamente y con envenenada ironía hacia la mediocridad institucional imperante. Pepo era también un observador nato, aquel voyeur solitario sentado interminables horas en el Marítim de Cadaqués de hace muchos años, tomando un café tras otro. Tal vez por eso también resultó ser un magnífico fotógrafo en los últimos tiempos. Había sido abogado en Ginebra y Milán, pero lo suyo era ser productor, productor de lo que hiciera falta. Y por eso, a la sombra de su productora Ovideo TV, se dedicó a conseguir que ciertos políticos dieran en público su mejor imagen; por eso, desde la sombra, era maestro de creativos publicitarios: por eso, en la sombra, promovía encuentros y amistades en el cine, el teatro y la televisión, cuyos frutos resultaron espectaculares, y por eso, en definitiva, desde la sombra reunió uno de los mejores carteles jamás logrados en la historia del espectáculo, para llevar a cabo algo que en las últimas semanas ha revalorizado su talento para la posteridad: prácticamente nadie se ha acordado este verano de que Pepo Sol fue el verdadero artífice de las ceremonias olímpicas de Barcelona 92. Algunos –entre los que me incluyo– han sabido o han podido capitalizar mejor aquel indiscutible triunfo. Pero su enfermedad, y sobretodo su indiferencia hacia la vanidad humana, le arrinconó este verano en su casita de La Nou de Gaià esperando estoicamente el final junto a su musa, amante y mujer, Concha.

No he conocido nunca –y creo que no volveré a conocer– a nadie tan generoso con sus amigos. Muchos como yo pueden decir que Pepo Sol era además como un padre –hermano de la Luna Bigas– puesto que de su mano hemos conocido lo mejor y lo peor de un cierto mundo: el del espectáculo, la publicidad, el cine, la música, el arte, pero también la sensualidad, la calidad de vida , el dandismo, el glamour. Con Pepo toqué las estrellas porque para él nunca había nada imposible. Pepo era como el enano gruñón de Blancanieves y ni siquiera iba a los entierros de sus amigos («pamplinas»). Pero pocos habíamos podido comprobar lo mucho que le emocionaba el cariño sincero que ahora mismo me gustaría demostrarle. Es posible que tampoco esta vez asista a su entierro, y desde algún lugar que desconozco me parece verle responder mis palabras con su sonrisa escéptica. Adiós, Pepo.

 

Azul y negro

febrero 2009 | por Carolina Rius

Azul y negro. La indumentaria arrugada. Con esa simplicidad de lo elegante. El gesto duro pero respetuoso. Las manos delicadas cuando sostenían un objeto ya fuera una copa de cristal, una pluma, un papel. Aristocrático y sencillo. Algo extravagante para poder ser concretamente bello. Su mirada perforaba sin causar daño y podía ser morbosamente sensual. Otras veces era mirada de niño, de curiosidad infinita, de sorpresa, de voyeur, enigmática o desconcertante. A veces, escondida tras el humo, otras detrás de su cámara de fotos.

Pepo Sol parecía completamente lo que seguramente era.

Una vez le oí decir que él había hecho bailar a una patata y que nada podía detener su creatividad. Generoso y atractivo con cierta impostura. Le recuerdo llevando maletas oscuras, una con el primer móvil que vi en mi vida. Podía ser irreverente y rebelde pero desde luego nunca revolucionario. Su misterio seducía. Renunciaba al poder pero tenía el don de la autoridad. Hedonista. Buscador de la redención en la luz de la belleza, en el placer de sorprender. Era profundamente moderno y por esa razón y no por otra, se sentía fascinado por el ritual del fuego, de la tierra, por el espíritu de la fiesta colectiva que se llama a sí misma tradicional o popular como les pasa a todos los que remueven con su obra, eso que hemos convenido a llamar Cultura.

Dandi. Excepcional y exclusivo. Un hombre rico, sin prejuicios. Original. Ilusionado y escéptico al mismo tiempo. Provocador. Inconveniente. Que entendía la vida como un gesto artístico. Necesitaba satisfacer sus deseos y no buscó lo insólito, lo inalcanzable o lo irrelevante. Si merecía su esfuerzo es que se trataba de algo que se podía inventar, sin dudarlo ni un momento.

Nietzche dijo que la felicidad epicúrea era un huertecillo, unos higos, un poco de queso y tres o cuatro amigos. Pepo Sol se atrevió sensatamente a intentar encontrarla. Espero que lo consiguiera. Vivió como murió, sin aspirar a cargos, honores, fama o eternidad. Y sin miedo.

Fue para mí un privilegio poder trabajar un tiempo cerca de él cuando construyó muchas de las estrellas que brillaron aquel verano inolvidable del 92. Y doy las gracias por ello.

 

 

 

Trailer Pepe & Rubianes
Estreno: 23-12-2011

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