guión

Ceremonia de inauguración - 25 julio 1992

texto de Margarita Rivière

PRIMERA PARTE: Bienvenidos al Mediterráneo

01. Apertura: ¡Hola! Un ramo de flores da la bienvenida al mundo, desde el corazón de Barcelona, en una evocación de sus populares Ramblas. Ochenta músicos hacen sonar la fanfarria olímpica de Carles Santos. Las flores, los pájaros y su alegría mediterránea reciben a todo el mundo con la palabra de la amistad: "¡Hola!" Más de ochocientas personas en escena, vestidas por Peter Minshall y coreografía de Judy Chabola, forman una sonrisa que se convierte en el logotipo de los Juegos de Barcelona.

02. Benvinguts. "¡Sed bienvenidos!" cantan Montserrat Caballé y Josep Carreras a todos los que están mirando a Barcelona, mientras seiscientos bailarines vestidos de blanco estrechan sus manos en el milenario baile de la sardana, danza típica de Catalunya, creando cinco anillos olímpicos y un corazón que dibujan en el Estadio.

03. Tierra de pasión. Un fuerte estruendo resuena en el estadio: 360 tambores de las tierras del Bajo Aragón inician, en su descenso por las gradas, en una recreación de la tradición de Calanda que tan popular hizo Luis Buñuel. En paralelo, 300 músicos de bandas levantinas y catalanas se reúnen con los tambores en el centro del Estadio, mientras 200 bailaoras forman una poética media luna que se introduce en el gran círculo. Una alegoría de la pintura y la cultura española en la que se ven quijotes, meninas y figuras goyescas forma en el escenario un gigantesco retablo, creado por Javier Mariscal, diseñador de Cobi, la mascota de los Juegos de 1992. Plácido Domingo comienza a cantar una emocionada canción a una misteriosa mujer. La misteriosa mujer aparece, vestida de rojo, sobre un fogoso caballo negro: es Cristina Hoyos, una de las más grandes artistas del baile flamenco. El fuego del flamenco se apodera de los bailarines, en expresión del sentimiento de un pueblo y Alfredo Graus aparece en el escenario para despedir con su voz este mosaico cultural de la tierra de la pasión.

04. El Mediterráneo, mar olímpico. La leyenda de Hércules, héroe de héroes, es la de la aventura humana. Bajo la protección del sol, fuente de vida, Hércules inicia un viaje para conocer los límites del mundo: es la primera carrera olímpica, que parte de Oriente hacia Occidente. Vencedor de la competición, el héroe fija los límites entre el cielo y la tierra, entre el bien y el mal. Surge un manantial que se convertirá en el mar olímpico, el mar Mediterráneo, mar de la civilización. Protegidos por el espíritu de Hércules, los hombres comienzan su aventura adentrándose en el mar. Van en una nave, armados con la inteligencia, el coraje y la cultura. Pero les acechan todos los peligros. Un laberinto de dudas les desorienta y los monstruos del hambre, la enfermedad y la guerra les atacan. La batalla es terrible. Vencedores de las fuerzas del mal, los hombres cruzan el mar, repitiendo la hazaña de Hércules. Celebran su alegría fundando una ciudad. La leyenda dice que esta ciudad es Barcelona. Es una leyenda para todas las ciudades de la tierra. La música es Ryuichi Sakamoto y la puesta en escena de La Fura Dels Baus.

SEGUNDA PARTE: Empiezan los Juegos

05. El desfile de los atletas. La ceremonia llega a su punto álgido con el desfile de los casi 12.000 atletas en representación de los más de 15.000 deportistas y técnicos que participan en los Juegos de Barcelona y de las 183 delegaciones de Comités Olímpicos de todo el mundo que conforman 172 equipos. El ritual que establece la carta olímpica configura esta parte sustancial de la ceremonia inaugural. Grecia, como país padre de los Juegos Olímpicos, abre le desfile, y España, país anfitrión, lo cierra. Los atletas se agrupan por delegaciones en la pista del Estadio de Montjuic y sus banderas rodean el lugar de honor del gran escenario de la antigua puerta de Maratón.

06. Parlamentos e inauguración. El presidente del Comité Organizador Olímpico de Barcelona’92, que es el alcalde de la ciudad de Barcelona, Pasqual Maragall, y el presidente del Comité Olímpico Internacional, el barcelonés Juan Antonio Samaranch, pronuncian sus parlamentos de bienvenida. El presidente del COI invita al Rey Juan Carlos I a declarar inaugurados los Juegos de la XXV Olimpiada.

07. Entrada de la bandera olímpica. Con gran solemnidad la bandera olímpica entra el en Estadio portada por 6 deportistas olímpicos españoles y dos voluntarios. Mientras, suena la música que Mikis Theodorakis ha creado en homenaje a este símbolo del olimpismo y que canta la mezzosoprano Agnes Baltsa con el coro de la ceremonia. La bandera da una vuelta completa al Estadio y comienza a izarse, momento en el que el tenor Alfredo Kraus interpreta el himno olímpico.

08. La XXV Olimpiada. Llegamos a la XXV Olimpiada y casi cien años han pasado desde que Pierre de Coubertin, en 1894, recuperara los Juegos Olímpicos de la era moderna. Barcelona celebra esta fecha histórica con un emocionado recuerdo a aquellos deportistas históricos y a las ciudades que organizaron los Juegos. El pasado se funde con el futuro, y Barcelona, una ciudad para el futuro, se viste con lo mejor de su creatividad simbolizada en la moda de la "colección Barcelona", para recordar la historia del olimpismo moderno.

09. El fuego olímpico ilumina el Estadio. La entrada de la antorcha en el Estadio y el recorrido de los atletas portadores culminan el rito olímpico. Junto a la Puerta de Maratón está dispuesto el arquero Antonio Rebollo, que ha de lograr que la flecha, encendida por la antorcha del último relevista, Epi, alcance el pebetero situado en lo alto de la Puerta de Maratón. Es un momento de máxima emoción como subraya la música de Angelo Badalamenti. Por primera vez en unos Juegos, una flecha encendida por un arquero transporta el fuego olímpico, símbolo de la fuerza del ideal olímpico, al lugar desde el que presidirá, día y noche, todas las competiciones hasta el momento de la clausura.

10. Los juramentos. Bajo la llama sagrada, con la bandera olímpica presidiendo el estadio y en presencia de todos los abanderados como testigos, un deportista y un jueza olímpicos pronuncian solemnes juramentos de competición limpia e imparcialidad en nombre de los participantes en los Juegos.

11. La gran bandera de la amistad. La bandera más grande del mundo se extiende majestuosa sobre los deportistas, como si los aros olímpicos quisieran garantizarles buena suerte y deportividad en la competición, mientras suena la versión orquestal con coro de la canción oficial, "Amigos para siempre", compuesta por Sir Andrew Lloyd Webber.

TERCERA PARTE: Música y Europa

12. Las torres humanas. La tradición catalana de los "castells", la torres humanas, es un espectáculo único en el mundo en el que vence el esfuerzo y la unión de la voluntad de los hombres. Es un ejercicio de inteligencia y precisión física, 2.174 hombres y mujeres, encaramados unos sobre los otros, construyen doce torres en homenaje a los doce países que están edificando la Comunidad Europea. La música mágica de las "gralles", un instrumento popular catalán, acompaña este arriesgado y emocionante momento. Cuando las torres humanas parecen tocar el cielo, la fuerza unitaria y la solidaridad se convierten en el símbolo de la construcción de Europa.

13. Ópera, música para el universo. El abrazo del arte al deporte y el encuentro de Europa con los cinco continentes promueve esta cita excepcional. Seis de los mejores cantantes de ópera del mundo, seis españoles -Jaume Aragall, Teresa Berganza, Montserrat Caballé, Joseph Carreras, Plácido Domingo y Joan Pons- ofrecen un recital único para la historia. 17 emotivas arias de ópera, la música que Europa creó para el universo, protagonizan este encuentro planetario. Con el ’Retorna Vincitor’ de ’Aida’, de Giuseppe Verdi, cantado al final del "medley" por todos los artistas, la gran música europea rinde homenaje a los deportistas que participan en estos Juegos.

14. Himno de Europa, himno de la Alegría. La Comunidad Europea escogió como himno la música de la novena sinfonía de Ludwig van Beethoven por su espíritu universal y la alegría de la solidaridad de los pueblos que transmite el texto escrito por Friedrich von Schiller. Esta unidad de los pueblos europeos con todos los otros pueblos del mundo es la que aporta este gran final en el que participan todos los músicos y cantantes.



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